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HOJA SEMANAL


Marzo 7. 2010
TRINFO DE LA CRUZ


  • P. Gregori Mateu, T.O.R
  • La cruz es necesaria en nuestro mundo. Sigue teniendo un maravilloso mensaje que cabe entender. La cruz no es una dura exigencia onerosa, sino una luminosa senda para llegar a la dulzura del amor. La cruz y el amor tienen el mismo significado. Una cruz sin amor se convertiría en un horroroso castigo. El amor lleva a la cruz y la cruz agranda y purifica el amor. En la misma espesura del dolor brilla la profundidad del amor. Y, de hecho, es el amor el que da fecundidad al dolor. La cruz es la manifestación suprema del amor.
  • La cruz es, así mismo, un signo de paz en medio de los rugidos violentos de la injusticia. La cruz de Cristo, indefensa, inerme, en silencio, triste, acogedora, desnuda, solitaria, permanece en pie como faro luminoso que atrae la mirada de todas las gentes de bien. Con el dolor lacerante y la congoja desgarradora, Cristo, clavado en el madero, permanece con los brazos abiertos y abre a los cuatro vientos la senda triunfante del amor.
  • En definitiva, la cruz de Cristo:
    · Es un clamor persistente para que a nadie le falte el amor.
    · Manifiesta una prueba evidente de la dignidad humana.
    · Es un germen fecundo de fraternidad sin fronteras.
    · Es un signo de ternura y de compasión.
    · Despierta una sed intensa de libertad y justicia.
    · Supera los dinteles de la derrota y del fracaso.
    · Es un reto de paz sin armas y sin violencia.
    · Es un caudal inagotable de amor
    · Habla todas las lenguas sin pronunciar palabra.
    · No discrimina a nadie.
    · Viaja por todos los caminos.
    · Es fuente perenne de vida.
    · Es un grito esperanzador de solidaridad.
  • Basta ver, en el Cristo colgado del madero, el calor de cada mirada, de cada gesto, de cada palabra, de cada suspiro, para entender el mensaje liberador que viene a sacar al ser humano del valle de las tinieblas. Con la cruz llega la auténtica revolución de la dignidad humana, se despierta el germen fecundo de la igualdad, se sacia definitivamente la sed de libertad y se colma el vaso de la justicia. La cruz silenciosa no se fija en el color de la piel, no se entretiene en el deje de la lengua, no está pendiente de la inteligencia o de la belleza corporal, no busca la aceptación de los que la contemplan, la veneran o la desprecian. Simplemente simboliza el torrente interminable del amor de Dios. ¡Qué pena que algunos la consideren ofensiva o peligrosa!