HOJA SEMANAL
Enero 24. 2012
LA ACTITUD RECEPTIVA
Tener una actitud receptiva, incluso para las cosas positivas, no es fácil. Con demasiada frecuencia preferimos la acción a la apertura, y cuando no es posible nos escudamos en el reposo o la cerrazón.
Vivimos en una cultura creciente y de rápido desarrollo. El avance de la tecnología facilita muchas tareas, lo que en teoría nos da más tiempo libre y mejor calidad de vida. Sin embargo, la existencia se ha vuelto hoy tan compleja que un elevado número de personas sufren altos niveles de tensión, de ansiedad y estrés o, en el extremo contrario, hastío y depresión.
En general, nuestra sociedad tiende a priorizar y sobre valorar todo lo que implique hacer, controlar, tener y competir, e infravalora o dedica muy poco tiempo a detenerse, escuchar, observar y atender lo humano. En contra de lo que pretendemos, esto nos está llevando a una sensación demasiado generalizada de vacio e infrustacción.
El ser humano actual desea y necesita encontrarse con aspectos olvidados de sí mismo y del mundo que le rodea. Cultivar la receptividad puede ser una ventana abierta a paisajes más amplios, más vivos y más llenos de sentido.
El arte de saber escuchar
Todos sabemos que escuchar es importante, pero pocos nos sentimos realmente escuchados o escuchamos bien a los otros.
En la buena escucha:
*Se da tiempo a la expesión de la otra persona. No se precipita la respueta ni se interrumpe.
*Existe un verdadero interés por lo que dice la otra persona y cómo lo dice.
*Nos dejamos tocar por el sentir del otro, sin encasillarlo desde nuestra visión.
*Se toma conciencia del propio lenguaje no verbal y se adopta una actitud física que facilite la escucha.