EVANGELIO DEL DIA
Fecha     
Viernes 22 tiempo ordinario

san Lucas 5, 33-39.

En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber. Jesús les contestó: ¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el dia en que se lo lleven, y entonces ayunarán. Y añadió esta comparación: Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino anejo quiere del nuevo, pues dirá: Está bueno el añejo.

Reflexión
Que fácil resulta criticar, destruir, poner dificultades. Y que complicado es edificar, construir, dar soluciones. Los escribas y fariseos estaban siempre a punto para asediar a Jesús, para ponerlo a prueba. Ponían en tela de juicio todo cuanto hacia y decía, pero eran incapaces de encontrarle en falta. Por ello, atacan a sus discípulos.

Cuestionan el hecho de que los discípulos no oran. No se referían por supuesto, a la relación amistosa, cordial y dialogante con Dios, sino a la larga serie de rezos externos, casi siempre sin vida, a los que estaban tan acostumbrados. Rendían culto a los golpes de pecho, a las inclinaciones ostentosas, mientras dejaban a un lado la relación profunda con Dios, salida del corazón y que podía cambiar sus vidas.

La vida del creyente es una permanente oración. Me gusta la frase que nos repetía un religioso ejemplar que guiaba nuestras almas juveniles por los caminos de la santidad:
“Procuren que la vida sea una constante oración, pero recuerden que no habrá oración todas las horas, si antes no hay una hora de oración”. Retirarse en los dominios del silencio para conectarnos con Dios, escuchar sus mensajes, reflexionar sobre sus exigencias, dejar brotar los sentimientos del corazón son algunas de las actitudes necesarias para llevar una acertada vida espiritual.

Los apóstoles tenían muy cerca a Jesús, convivían con él, escuchaban sus palabras, captaban su testimonio, aprendían sus mejores lecciones. Era la suya una oración directa, sin intermediarios, de la que podían sacar provecho y que, de hecho, había cambiado sus vidas. Ponían en práctica un nuevo estilo religioso, más centrado en el corazón que en las posturas externas.

También hoy, vivimos el peligro de convertir nuestra práctica religiosa en una costumbre sin vida, en una herencia rutinaria. No basta llevar la etiqueta de católico para ser buen creyente en Cristo Jesús. Un certificado de bautismo o de confirmación no es prueba suficiente de que nuestra fe esté viva. Todos hemos recibido una llamada personal de Dios para vivir para Él y para los hermanos. Estamos llamados a vivir una experiencia única, irrepetible, de Dios. Es una atracción muy fuerte del espíritu basada en el mensaje evangélico.La fe y la vida tienen que ajustarse al evangelio de Jesús. Tenemos que proclamar con nuestra vida y con nuestras palabras que Jesús está vivo. El carácter radical del evangelio no puede ser manipulado en beneficio propio. Aceptar a Jesús en nuestras vidas supone cambios importantes. No se trata de “saber” unas cuantas verdades, sino de transformar nuestro estilo de vida.

La fe en Cristo supone una nueva alegría, un nuevo talante. Estamos de fiesta con Jesús todos los días y disfrutamos de la hermosa oportunidad de participar con gozo de la mesa eucarística. Ha venido el Señor a nuestras vidas, nos ha llenado de su gracia y nos acompaña con fidelidad a todas horas. Solamente nos exige que le abramos de lar en par nuestro corazón y que le dejemos actuar con eficacia.

P. Gregorio Mateu