Sitio OFICIAL:
BLOG Felicidad para todos
www.felitodos.blogspot.com
ARTICULOS
EL GOZO DE SER FAMILIA
Los padres hacen algo más que dar la vida a los hijos. Transmiten algo más que sus genes, su fisonomía, su forma de ser. No cumplen a plenitud su tarea educativa haciéndose cargo de las necesidades de sus hijos. También están obligados a mostrar su talante educativo con sus actuaciones, con su presencia, con sus palabras, con sus silencios. Es la familia entera la que educa, abriendo caminos, diseñando estrategias o simplemente recreando un clima de amor y de buenas maneras.
Mirando serenamente mi pasado, especialmente mi lejana infancia, he rememorado el talante sereno, cabal, acogedor de mi padre. Su mirada era profunda, acariciante, casi tímida. Me hablaba de cercanía, de cariño, de comprensión. Me acogía sin molestar. Me mostraba el camino del respeto, sin imponérmelo. Trabajaba mucho, posiblemente demasiado. Tenia que llenar una docena de bocas hambrientas. Yo le veía a menudo muy cansado, pero jamás dejaba de sonreír. Tenía enormes responsabilidades, pero nunca se quejaba.
Su mirada, su sonrisa, su serenidad viven en mí todavía. Y me dan fuerza para seguir adelante. Tenía muchos amigos. Todos le respetaban y le querían. Y, cuando sufría mucho, se tornaba más tierno, más humano, más asequible. Le dolía profundamente la ingratitud y nos pedía a los hijos que jamás devolviéramos mal por mal. El bien –solía decir- siempre triunfa. Daba, en general, gracias por todo y por todos.
Mi padre, como todo ser humano, tenía defectos y errores. Los reconocía, los aceptaba, pero le servían como estimulo para mejorar cada día. Y nos enseñaba que todos los días tenemos que mejorar, puliendo defectos, acumulando virtudes y no dejando jamás de luchar.
Nunca le oí alardear de nada. Para todos tenía una palabra amable. Y a mí me regalaba una lluvia densa de caricias, miradas, gestos que nunca podré olvidar. En los momentos amargos del dolor más intenso, cuando parece que todo se derrumba, me encomiendo a mi padre y le pido que me ayude a superar dificultades, penas, ataques… Junto a mi madre, ejemplo insuperable de amor desprendido, me enseñan que tengo que seguir adelante sin perder pie ni cambiar de rumbo. Unido a la familia que me queda en esta tierra, recuerdo que, por suerte, he tenido y sigo teniendo una maravillosa familia que me da nuevos impulsos para seguir luchando. ¡Gracias a Dios!